
Es un hueso con nariz, tan flaco que le ponen las inyecciones en el sobretodo, el sombrío poeta de Buenos Aires en los años infames.
Enrique Santos Discépolo creó sus primeros tangos, pensamientos tristes que se pueden bailar, cuando andaba de cómico de la legua, perdido por provincias. En los destartalados camarines se hacía amigo de las pulgas, enormes, de tamaño casi humano, y para ellas tarareaba tangos que hablaban de gente sin plata y sin fe.
Patria Grande : Uruguay : Eduardo Galeano : Memoria del Fuego
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