Ramón Emeterio Betances, larga barba blanca, ojos de melancolía, agoniza en París, en el exilio.
—No quiero la colonia —dice—. Ni con España, ni con Estados Unidos.
Mientras el patriarca de la independencia de Puerto Rico se asoma a la muerte, los soldados del general Miles entran cantando por las costas de Guánica. Con el fusil en bandolera y el cepillo de dientes atravesado en el sombrero, marchan los soldados ante la mirada impasible de los campesinos de la caña y del café.
Y Eugenio María de Hostos, que también quiso patria, contempla las colinas de Puerto rico desde la cubierta de un barco y siente tristeza y vergüenza por verlas pasar de dueño a dueño.
[ Julio | Memoria del Fuego ]
[ Eduardo Galeano ]
Última revisión: 24/06/01