"
Así será mi palabra, que sale de mi boca:
no volverá a mí vacía
sino que hará mi voluntad
y cumplirá mi encargo."
Isaías 55, 11
No regresó vacía
la palabra que me diste.
No fue en vano la palabra
que dejaste caer -piedra preciosa-
en el aire que respiro:
me llevó -como ofrenda de amor-
entre sus manos.
Tu palabra penetró mi corazón
arrebató mi sueño y mis entrañas,
floreció en la palma de mi mano
puso frutos de amor entre mis dedos,
movió mis pies sin rumbo entre la niebla
siguiendo el eco apenas de tu voz.
¿Tejerás ahora, Amado, por amor,
la guirnalda de amor
para mis sienes?
Michèle Najlis, 97