En mí y no estando.
En mí y sin saberte.
¿Cuándo podrás al fin, ¡oh Dios!
mirarte con mis ojos?
Sufres por no saberme
por no saberte en mí.
¿Cuándo podrás, ¡oh Dios!
tocarte con mis manos?
Te has quedado en silencio, Dios.
¿Ignoras
que son tuyas mis palabras
y mi llanto son tus lágrimas en mí?
¡Cuándo podrás, al fin, —¡oh Dios!—
mirarte con mis ojos!
Michèle Najlis, junio 99