En el cuenco florido de tus manos
dame
de beber.
En el arco radiante de tus ojos
dame
de beber.
En la luz de la mañana
en la sombra oscura de la noche
dame
de beber.
En una lágrima
en un suspiro
dame
de beber.
En el puro sonido de tu nombre
dame
de beber.
En el claro color de tu silencio
dame,
Amado, de beber.
Michèle Najlis
Brihuega, agosto 94