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Incursión en el campo de la
fábula y la recreación de textos antiguos dentro del ámbito de la prosa breve, de la
narración corta y el prosema. Podría decirse que esta obra es un aporte novedoso de la
literatura femenina de Nicaragua a un género que tiene, en lengua castellana, maestros
tan representativos como Augusto
Monterroso.
Compuesto por una selección de artículos
periodísticos escritos entre 1982 y 1987 que recogen el testimonio de una mujer que a
diario anda por los caminos del pueblo y cuenta lo que ve, porque su oficio es la palabra.
Presenta una galería de gente del pueblo, que nos muestra, en la sencillez de sus actos,
momentos cumbres de la Revolución Popular Sandinista.
El sujeto inicial es el amor
concreto hacia un hombre concreto que se transmuta en un espacio desde el cual vislumbra
la plenitud de la divinidad, y se convierte así, inesperadamente, en poesía mística: en
búsqueda —desde la profundidad del eros femenino— de ese absoluto llamado Dios.
La sangre mana en estos versos. Una tela, cuya trama es genéticamente hebrea, en la que
van apareciendo símbolos griegos, entretejidos en curioso sincretismo cultural y
religioso. Ifigenia revela en Argos, la pasión; en Aulide la muerte, y la resurrección
en Táuride.
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