Toda fascinación tiene su límite:
la claridad del sol
el terror de las tinieblas
la lucidez del sueño
los fantasmas que acechan la vigilia
los placeres del sexo
el claro laberinto de la ciencia
el olor de las flores
el fervor de las palabras
la pasión del silencio
el furor del verano
las inclemencias del odio o del amor
el vértigo apacible de la música
la expansión de la galaxia
la temible densidad de la materia.
Toda fascinación tiene su límite
por eso cambia de forma la materia
y la forma encarna en seres diferentes,
pero ambas, amor mío, son eternas.
¿Será la eternidad una fascinación sin fin
o la trampa que nos tiende el tiempo
atrapado en un espacio inexorable?