NO DIRE TU NOMBRE AHORA

No diré tu nombre ahora
no pronunciaré en voz alta tu recuerdo
no gritaré la soledad de ti que me atormenta.

Pero las palabras están
siempre estuvieron
al pie de mis silencios.
Están las viejas cosas
(más viejas y más solas):
el laúd melancólico y digno
como siempre
El canto gregoriano.
El buen marqués de Santillana
y la última flor que tú me diste
solidaria
que tal vez esta noche
        no pueda
vencer
su débil lucha con la muerte.

Será más duro entonces
alzar este brazo derecho
y sin que tiemble la mano decida
partir en mil pétalos marchitos
estos días en que guardo tu nombre
inclinando amorosamente mi cabeza
sobre cada letra de tu cuerpo.

No diré tu nombre ahora
pero las palabras están
me desangran al oído tu presencia
y la sal de cada día
aviva esta llaga que nos une.
Vivimos la atroz eternidad de dos amantes
rotos por un signo desde siglos destrozados.

¡Ah implacable viento humano
que desgarra
los hilos que tejemos
de una
        a otra
soledad!