Managua: en las ruinas del hambre
en las ruinas del hierro, del cadáver
un niño escarba los escombros en busca de tesoros.
Un niño, en Machu Pichu, pide limosna
a los turistas.
El Hombre, con su gran mayúscula podrida
su pequeño corazón destrozado por autopsias
largas autopistas e hilos telefónicos
solo
asomado al telescopio de sus vísceras
asediado por su única maniática locura de silencios
visita paso a paso la herrumbre de los siglos
persiguiendo un hueco, un nido, una piedra o una tumba
en que poner
ese amor que lo revienta
porque es más que cuatro letras
o un slogan navideño
o el cinco que la rica adolescente
con cara angelical
extiende al mendigo feo y viejo
ante los ojos conmovidos de su madre.
Es más que esta mierda pegajosa
que unas veces se llama caridad
y otras cinismo.
Pero es preciso arrullar este amor
protegerlo del frío y de las bombas
llorar nuestra muerte con él entre los brazos
darle un beso
entregarlo al futuro
y que a la vuelta del tiempo
los hombres
tengan compasión
de nuestro pobre siglo heroico.