Que si la corneja ovieron diestra
o siniestra
o buscar el futuro en las vísceras
animales
o peregrinar al santuario de Apolo
en Delfos
o siquiera temer al gato negro.
Pero qué ave, qué vísceras malignas
me anunciarán tu olvido
tu mano tocando una piel nueva para tu tacto
no mi cuerpo manso a tus caricias
pesado ahora de tu amor.
¿Acaso
algún oráculo implacable
me anunció
esta angustia?