René Villanueva sobre Silvio Rodríguez

Muchos años atrás le escuché al poeta Carlos Pellicer decir que lo mejor de él, eran sus amigos. Ahora me visto esas palabras por la gente que he conocido, entre ellas a Silvio.

Apartado, huraño a veces, lo recuerdo en La Peña, cuando venía a México por primera vez y sólo pocos conocíamos sus canciones. Después, cuando públicos crecientes descubrieron su obra los encuentros se hicieron breves y era difícil abordarlo. Podíamos conversar toda una tarde sobre cine de ciencia ficción como sucedió en Quito en el 84, a donde Silvio había llegado afiebrado y con varios días de retraso por enfermedad; o cuando me llamó a la casa para decirme que no dejara de leer El nombre de la Rosa, la novela de Umberto Eco, publicada ese año, telefonema que casi provocó el desmayo de la emoción y la incredulidad de mi compañera, su incondicional admiradora. Por mi parte le enviaba las esperadas ediciones de Eduardo Galeano o algún nuevo disco. Neuróticos ambos, aparecíamos o desaparecíamos frente al otro con gran discreción. Siempre espero con avidez sus nuevos discos.

Pocos compositores han logrado hacer con la canción lo que él ha hecho, en cantidad, calidad, profundidad y belleza. Pocas letras reflejan y expresan lo que un proceso revolucionario transformador produce en la gente, sus confrontaciones con la burocracia; la gente con sus luces y sus sombras, mostrando los rincones del hombre o la mujer en su eterno conflicto, detonado por el amor, al que no gobierna ninguna consigna que no sea la de su propia sed. Pocas voces con mayor claridad y honestidad en su visión del mundo, en su sentir y en el sufrir.

Absurdo suponer que el paraíso
es sólo la igualdad, las buenas leyes.
El sueño se hace a mano y sin permiso
arando el porvenir con viejos bueyes.

Intensidad. Esta es la palabra que caracteriza lo que hace y cómo lo dice. No se escatima, no se tasa, se da como desgarramiento. Lo que canta lo arranca de sí para entregarlo, por eso conmueve. Su canción ha resuelto la tensión entre su más profundo yo con el más conciente nosotros; la eterna lucha del artista entre forma y contenido. Silvio es un cantor, un poeta mayor con cuyo vuelo nos hemos elevado tantas veces, cuando necesitamos despegar porque el suelo mediocre asfixia. Silvio: con su poesía, con su guitarra, con la eterna mujer y su muerte tatuada tomadas de la mano.


Agradezco la colaboración de Eduardo Valtierra en la preparación de esta página.

Tomado de: René Villanueva, Cantares de la memoria, Editorial Planeta, México, D.F., 1994.

Silvio Rodríguez

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Última revisión: 01/07/01