Entrevista de 1979
Hace 11 años se realizó esta entrevista a Silvio Rodríguez, la cual por diversas razones quedó inédita. Sin embargo, muchas de las ideas y conceptos que aquí expresa siguen vigentes. Este sólo es un fragmento de aquella charla.
Por María Antonieta Barragán
—Hubo una época en la cual escuchar tu música era como "ser diferente" del resto, de la gente que escuchaba música comercial... era como...
—Snobismo...
—Sí, snobismo.
—¿Hasta dónde te hiciste cómplice de ese snobismo?
—Te voy a decir hasta qué punto fui cómplice, hasta que ser "snob" fuera no oir a Silvio Rodríguez.
—¿No has perdido tu público que tenías hace diez años'?
—Creo que sí, pero también siento que ahora va más gente a los conciertos.
—¿Y por qué crees que esa gente se decepcionó de ti?
—Tal vez no se decepcionó, sino que se aburrió de escucharme ... Uno deja de ser noticia, y hay gente que toma las cosas por moda; hay público en el que el arte cala más profundo, no va a un concierto porque esa es la onda, sino porque realmente se identifica y le llega el mensaje que se transmite.
—¿Y no será que ahora estás de moda?
—Es probable, no lo dudo.
—¿No sientes que se te exige mucho? 0 sea, si no das una canción compleja, con metáforas, como que ya no gustas.
—Mira, yo no estoy casado con nada, y eso hasta en mi vida personal. Lo que tengo miedo es que se me agote la poesía, pues la metáfora no es el único recurso que existe.
—¿Qué tal el síndrome del éxito... cómo controlas sus síntomas?
—¿Cuál es el síndrome del éxito?
—Ser inaccesible....
—Si eso es uno de los síntomas, déjame decirte que estoy muy lejos de eso porque bastante accesible soy, mucho más de lo que quisiera, a veces. El acceso absoluto es una limitante muy grande para la creación. Fíjate que los años en que más compuse es cuando menos famoso era.
—¿Y ese fanatismo que despiertas?
—Eso se origina en el hábito que existe, sobre todo en occidente, de cómo se trata al artista; es como una mala costumbre, hija directa de los medios de comunicación, de hacer ver al artista como un ser maravilloso, irreal, mítico. En un principio, mitad por timidez y mitad por convicción, estaba tan convencido que eso era una deformación tal, que hasta brusco me comportaba y ni siquiera daba autógrafos. Con el tiempo me di cuenta que la gente tiene la costumbre de guardar recuerdos de lo que quiere y estima. A mí mismo me gustaría tener un autógrafo de García Márquez o de Picasso, Chaplin. ¿Cómo no me va a gustar tener una foto de Woody Allen?
—¿Te consideras inteligente o intuitivo?
—Tremendamente intuitivo... a veces casi espiritista
—Casi casi rayando en lo brujo....
—Preferiría decir que en lo mágico.
—Tus canciones tienen magia.
—No lo sé... pero algunas llegan a mi casi mágicamente.
—¿Alguna vez en el transcurso de tu carrera llegaste a pensar en rajarte?
—Jamás.
—¿Te gusta el halago de que eres el compositor más original de la música popular?
—No me gusta la etiqueta, pero no me disgustaría serlo tampoco. A cualquiera le gustaría hacer su trabajo con ese nivel siempre y cuando no se convierta en una perversión, que ese no sea el único objetivo.
—Por último ¿por qué no te has casado?
—Más bien, por qué no se han casado conmigo. Me casé a los 21 años y el matrimonio duró siete meses. He tenido amores y compañeras, pero no he necesitado de firmar el papelito. Pero de ser necesario no tendría ningún prejuicio sobre volverme a casar siempre y cuando mi corazón firme primero.
Foto: Fabrizio Mejía
Tomado de:
La Jornada, México, D.F., viernes 20 de marzo de 1998.
[ Silvio Rodríguez ]
Última revisión: 29/08/02