Guerra

(Y el cañoneo va aumentado con el día. Tiemblan las ventanas, como cuando un caballo se sacude las moscas.)

Carta del 4 de noviembre, p. 130


Si oyeras cómo truena el cañoneo! Parece que estan sacudiendo todas las alfombras de Madrid.

Carta del 4 de noviembre, p. 132


Cómo truena la artillería! Es digno de oirse esto, aunque sea alguna vez en la vida. Parece una tempestad de truenos y rayos, allá en las montañas de Oriente.

Carta del 17 de noviembre, ob. cit., p. 143-144


Te dejo, porque no tengo ganas de estar escribiendo mientras ladra tanto cañón por ahí.

Carta del 4 de noviembre, ob. cit., p.132.


Yo creo que puedo calcular cuando debo tirarme al suelo. Es un silbido amenazador, como una puñalada que se lanzara por la espalda con una velocidad eléctrica.

Carta del 15 de noviembre


Por la tarde el cañoneo fue más intenso aún. Había una bella tarde soleada y azul, de aire frío y tembloroso. Las balas pasaban haciendo gárgaras rápidas, o como cuando una bandera mojada, la agita el viento violento del mar: igual que esto hacen las balas de cañón en su recorrido.

Carta del 15 de noviembre


Cuando regresamos de aquel reconocimiento, más de una hora después, o dos acaso, pudimos ver algo terrible. Sobre la hierba, boca abajo, un miliciano tenía media espalda destrozada; las costillas rotas, un riñón todo en dos, el omóplato partido, la columna dorsal descubierta; el pulmón derecho rajado, macerado. Pobre muchacho!

--Llama a uno que lo recoja --dijo Campesino.

Pero yo vi que, inverosímilmente, aún vivía, con la respiración. La sangre, como si fuera un manantial de la tierra, fluía y refluía. Le tocamos la cabeza y se quejó débilmente. Se habrá muerto sin duda entre horribles sufrimientos; estuvo más de una hora al sol, descubierto, sangrando, sin que nadie lo viera. No he visto todavía herido más impresionante.

Carta 15 de noviembre


Creo que te di cuenta del día 15, cuando una insolente escuadra de 15 trimotores italianos, con sus correspondientes aparatos de caza, temprano voló sobre Madrid y descargó de manera brutal y despiadada. Esa canalla está matando más mujeres y niños en Madrid que hombres en los frentes de combate.

Carta 17 de noviembre


Sobre Madrid lanzaron, con un paracaídas, una caja que contenía el cuerpo horriblemente descuatizado de un aviador que cayó en sus filas. Nada comparable en horror a esto. Ni las tribus de antropófagos hacen esto, pues no hay en ellas el exhibicionismo de la barbarie.

Carta del 21 de noviembre, ob. cit. p. 149-150


Me acosté a cielo abierto, porque no había más espacio en las pocas chabolas que aún se habían hecho. Había una clara luna remota, de menguante. Y las estrellas, mis viejas amigas del cielo del Presidio. Tanto tiempo sin verlas. De proto me entró una duda. Era Casiopea la constelación que brillaba sobre mi cabeza? El cuerpo me temblaba por el frío, como si fuera un flan. Tendré yo miedo --pensé-- que no me acuerdo bien de lo que sé? Me acordé de Cuba, de Teté Casuso, de mis perros y de mis árboles en Punta Brava. Yo me dije: a mejor, en la guerra cuando uno tiene un recuerdo es porque se tiene miedo. Pero no estaba convencido.

Crónica "En el parapeto"


Patria Grande : Cuba : Pablo de la Torriente

Comentarios

Última revisión: 10/12/00