Puerto Montt


...El 10 de marzo de 1969, en el periodico El Siglo, Victor leyo la siguiente noticia: "Sangrienta masacre en Puerto Montt. 8 muertos, 60 heridos". El socialista Salvador Allende, presidente del Senado, y la comunista Julieta Campuzano, tambien miembro del Senado, salieron urgentemente para el lugar de los tragicos sucesos. Al regresar, ambos intervinieron en la sesion extraordinaria del Senado censurando al Gobierno democristiano, y al principal culpable de la masacre, el ministro del interior, Perez Zujovic. Aunque Jara no presenció los sucesos en el lejano puerto, tenía una noción muy exacta de lo ocurrido alli.

Cerca de cien familias sin hogar, desesperadas porque la municipalidad se habia negado a concederles parcelas para construir casas, ocuparon un solar de los arrabales de Puerto Montt que pertenecia a la acaudalada familia de los Irigoin. De la noche a la mañana en el solar aparecieron casuchas hechas de tablas y chapas de madera y hojalata. Al siguiente dia se presentaron patrullas de policia, vieron un "poblado callampa" y se fueron sin decir una palabra. Los pobres habitantes los despidieron en tenso silencio presintiendo algo malo. Entonces tomaron la decision: "No nos moveremos de aqui, aunque nos echen por la fuerza."

El 9 de marzo, cuando la fria luz del alba ilumino los montes, en la poblacion callampa irrumpieron los carabineros haciendo sonar las improvisadas sonadas de alarma, puestas por los habitantes de las casuchas. Las latas sujetas de alambres resonaron estruendosamente. La gente, despertada por el ruido, salio de sus chozas, que los carabineros empezaron a derribar a culatazos. Parte de los hombres, formando cadena, intentaron defender a los carabineros. Estallaron las sordas detonaciones de las granadas de gas lacrimogeno. Ahogandose en las nubes de gas venenoso, la gente respondio a pedradas. Pero ¿que podian hacer hombres inermes contra la soldadesca embrutecida? Los oficiales dieron orden de abrir fuego de metralla. Al abrigo del fuego, los carabineros avanzaban lentamente hacia el centro del poblado, rociando las chosas con gasolina y prendiendoles fuego. La gente enloquecida se gritaba entre las llamas, se oia el llanto de niños, el grito de las mujeres y gemidos de los heridos. "Era un infierno..." -contaban los testigos del suceso en la prensa.